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María fué clemente hasta el Calvari~, donde ofre– ció en sacrificio a su propio Hijo para que Dios perdonara los pecados del mundo. El pueblo cristiano la llama: Oh Clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Su trono es de clemencia y de paz. María es la Reina clemente que intercede ante el Supremo Juez para que tenga compasión con los miserables pecadores que desean y piden el perdón de sus culpas. Detiene las iras de Dios. La Virgen es clemente con los pobres pecadores que acuden a Ella con humildad y confianza. Nos cobija bajo su manto materno y nos defiende de nuestros enemigos. l. CLEMENCIA CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO Nada manchado puede entrar en el cielo. Los predestinados deben entrar purificados de toda má– cula de pecado. Las culpas se deben satisfacer en :ste o en el otro mundo. Si no se satisfacen aquí Jurante la vida mortal por la penitencia y las bue– nas obras, es necesario satisfacer por ellas en el Purgatorio, antes de entrar en el cielo. ¿ Cuántas y cuáles son las penas del Purgatorio ? Ninguno lo sabe. Los Santos las pintan terribles. Lo cierto es que las almas allí detenidas están pri- - 222 -

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