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ciencia, horrorizado con el pensamiento del juicio, comienzas a hundirte en el abismo de la tristeza y la desesperación, piensa en María. En medio de los peligros, de las angustias, de la incertidumbre, no se caiga ni de tu corazón ni de tus labios el pen– samiento de ella y, para obtener más seguramente el auxilio de sus súplicas, no dejes de imitar sus ejemplos. Siguiéndola no te extraviarás; rogándo– la, no te desesperas; pensando en ella, no te pier– des. Mientras ella te lleve de la mano, no caerás; bajo su gobierno, no te rendirás de fatiga, y con su favor llegarás al puerto" (64). EJEMPLOS.--Como ejemplos del poder de la Virgen se pueden tomar los milagros que en todo tiempo ha hecho a sus devotos. Las batallas que se han vencido en su nombre; las conversiones prodigiosas de gran– des pecadores. Antiguamente, los reyes y conquistadores llevaban su imagen en sus estandartes; los combatientes cristia– nos en sus banderas; los navegantes en sus embarca– ciones; los soldados y peregrinos se protegían con es– capularios, medallas, rosarios e imágenes de la Virgen, símbolos de su poderosa protección contra toda clase de enemigos y peligros. En 1900, durante la guerra de los boxers, un cris– tiano fervoroso, llamado Pedro Tchao, huyó para es– conderse. A las voces de: Es un cristiano, hay que ma- (64) Homil. II, de Laudibus Virg. Matris, 17. - 2l6 -
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