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cernos a María. Qui elucidant me, vitam aeternam habebunt. Los que me honran, obtendrán la vida eterna (59). · EJEMPLOS.-San Antonio de Padua fué un apóstol de las glorias de María, en especial de• la fiesta de la Asunción en cuerpo y alma a los cielos. San. Bernardino de· Siena no cesaba de alabar las grandezas de María. Fué uno de sus más grandes pa– nigeristas. Nunca predicaba sin decir alguna palabra de la Virgen. San Juan Capistrano parecía un serafín cuando hablaba de la Virgen Santísima. Juan Duns Escoto fué un defensor acérrimo del· mis– terio de la lnmaoµlada Concepción. Los Santos de Tas· Ordenes Seráficas fueron, en gene– ral, amantes devotos de María. Los predicadores ensal• zaban continuaménte sus glorias. Uno de los predica• dores y escritores más fecundos de María fué San Lo– renzo de Brindis, que compuso un hermoso y fecundo Máriale con sus predicaciones frecuentes sobre los mis– terios de la Virgen. · Súplicas.-María Santísima es la Virgen Inmacula– da, pura, sin mancha y sin culpa. Virgen perfecta, adornada de las virtudes, llen.it de la gracia y de los dones del Espíritu Santo. Virgen hermosa, encantadora ' y robadora de los corazones. Virgen-Madre, antes del parto, en el parto y después del parto. Virgen bendita entre todas las mujeres. Virgen de la cual se predican las más excelsas grandezas que se pueden aplicar a una (59) Eccli., XXIV, 31.
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