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redimió con amor inefable. Dar gracias al Espíri– tu Santo por medio del cual se verificó la Encar- nación, se unió a nuestra naturaleza, se desposó con ella uniéndola así. Das gracias al Hijo de Dios, que se unió a nuestra naturaleza, la redimió con amor inefable ... Dios, en su infinita sabiduría y grandeza, no lo hizo por sí todo; dejó la continuación de su obra redentora a los hombres. La Humanidad debía ,;o– operar, y de hecho coopera, a la extensión de su reinado y a la aplicación de sus méritos, por me– dio de la Iglesia católica, que debe extenderse por todo el mundo. Tengamos verdadero celo por la salvación de las almas. La obra más divina entre _todas las divinas es cooperar con Cristo a la salva– ción del género humano. Después de nuestro profundo reconocimiento por los beneficios de la Encarnación, pidamos la gra– cia de conocerla. Reflexionar sobre las enseñanzas que· nos dan Jesús y María en este inefable miste– rio. Tengamos profunda devoción a los misterios de la Infancia del Salvador. ¡Oh Virgen gloriosísima!, que por tu voluntaria humildad mereciste ser llena de la gracia, de hacer– te Madre de Dios ,autor de todo bien, obténme de tu Hijo Jesús que yo no oponga ningún obs, - 204 ~

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