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vida hasta morir en la Cruz. Bienaventurados los ojos que ven lo que vos veis (56). Se ha de predicar y proponer como ejemplo a todo el pueblo cristiano de cualquier condición y estado que sea. La Iglesia le aplica estas palabras del Cantar de los Cantares: "Pero es única mi paloma, mi per– fecta; es única la hija de su madre, la predilecta de quien la engendró. Viéronla las doncellas y la adamaron, y las reinas y las concubinas la loa– ron (57). Beatísima la predicaron en visión los Pa– triarcas y los Profetas; Santa Isabel y San Juan Bautista. Beatísima la predicaron los Apóstoles, los Doctores, los Confesores, las Vírgenes y todos los cristianos viadores de este mundo. San Antonio de Florencia alaba y elogia a la Virgen diciendo que si todas las aves del cielo, ali– mañas del campo y peces de los mares, si todos los árboles de la selva y hierba de los prados; más aún, si todos los montes con sus piedras, los valles y las llanuras, si todas las arenas de las playas y gotas del océano, se convirtieran en lenguas, n1 aun todas juntas podrían expresar qué es y cuán grande es la Virgen María, Reina y Madre. "Cuán- (57) Cant., VI, 9. -202-
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