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tes de oro, indicándole al mismo tiempo que Santa María Magdalena de Pazis las llevaba escritas en su corazón. El Señor reveló a Santa Gertrudis que cada vez que el cristiano recita el Verbum caro factum est se incli– nará para darle gracias por su infinita dignidad de ves– tirse de carne humana y ofrecerá al Eterno. Padre el fruto de su Santísima Humanidad. Recite)llos con frecuencia y devoción el Angelus Do– mini, pensando en la Encarnación del Verbo y en la dignidad de Madre de Dios, dando gracias por los be– neficios que de estos misterios se siguen para toda la humanidad.• , · Uno de los libros más leídos en estos últimos tiem– pos ha sido el que publicó el doctor Nagai, japonés, poco antes de morir, con el título de Cadena del Ro– sario. Cuando la bomba atómica sepultó en sus propias ruinas la ciudad de Nagasaki, corrió a su casa en busca de Nidori, su esposa. Está la casa hecha un montón de ruinas. En el sitio donde había estado la cocina bri– llaba todavía el crucifijo y la cadenilla del Ros,1rio, que su mujer tenía casi siempre entre las manos en aquellos espantosos días. Los niños habían prometido ir a visitar a su madre el domingo siguiente. Al ver a su padre sólo le preguntan: "¿ Y mamá? ¿ Dónde es– tá?" Mostrándoles el crucifijo y el rosario, les dice: "Mamá ha volado al cielo". En el terrible terremoto de Tokio de 1923 las lla– mas rodeaban a unos 80.000 fugitivos. Muchos se· an– ticipan a la muerte desastrosa suicidándose. Un cente· nar de cristianos esperan I confiados la muerte con eJ
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