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II. CÓMO DEBEMOS VENERAR A NUESTRA MADRE CELESTIAL La Santísima Trinidad en cierta manera venera a María. El Padre, como a una Hija predilecta en quien se complace. El Hijo, como a una Madre amantísima que le nutri6 en su seno, que le sirvió en su vida mortal y que le am6 más que todas las madres aman a sus hijos. El Espíritu Santo la ve– nera como Esposa dilectísima escogida entre milla– res, en la cual derram6 todas las efusiones de la gracia. Los coros de los Angeles la veneran como a Rei– na y Señora. La sirvieron en la vida mortal y la sirven ahora en el empíreo. Los santos de la Igle– sia cat6lica la veneran como a Madre y Reina. La veneraron en su vida mortal San José, su cas– tísimo Esposo; los humildes pastores de Belén; los Magos, cuando fueron a adorar al Niño: los Ap6s– toles y Discípulos del Señor y todos cuantos la co– noe1eron. Veneremos también nosotros a María con las pa– labras, las obras, los cultos especiales en su honor. Venerar sus grandezas, sus excelencias, sus virtu- - 19-4 -
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