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entonces todas las vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: Dad– nos aceite del vuestro, porque se nos apagan las lám– paras. Pero las prudentes respondieron: "No, porque podría ser que no bastase para nosotras, y vosotras; id más bien a la tienda y compradlo"; pero mientras fueron a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban prontas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Llegaron más tarde las otras vírgenes diciendo: ,iSe– ñor, señor, ábrenos". Pero él respondió: En verdad os digo que no os conozco. Velad, pues, que no sabéis el día ni la hora (5). Súplicas.-¡Oh, María, Virgen prudentísima!, cuya vida fué tan bien ordenada en todas las circunstancias. Tú fuiste prudente con Dios Trino y Uno, con el Verbo Encarnado en tu purÍsimo seno, con San José, tu cas– tísimo esposo, y con todas las personas que te rodearon. Prudentísima en la Anunciación, en la Natividad, en la huída a Egipto, en la casita de Nazaret, en la vida pública de Jesús, en su dolorosa muerte y gloriosa Re– surrección. Concédenos la prudencia en todas las cir– cunstancias prósperas y adversas de la vida, de tal modo que nos gobernemos siempre por los principios eternos y según los designios de la divina voluntad. Propósitos.-Me esforzaré por ser prudente en mis ministerios de confesión, predicación, enseñanza y com– portamiento. Prudente en mis relaciones familiares y sociales. Prudente con los creyentes e incrédulos, ami- (54) Matt., XXV, 1-3. - 189 -
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