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Prudencia en la predicaci6n y exposici6n de la doctrina evangélica según las exigencias del audi– torio fiel o infiel, docto o ignorante, favorable o ad– verso, hereje o pagano, compuesto de niños o adul– tos, de hombres y de mujeres. La circunspecci6n y el respeto al auditorio le harán medir las pala– bras para no desedificar, sino más bien captarse la benevolencia y hacer más eficaz su palabra o sus enseñanzas. Prudencia en su trato social y familiar para ser– vir a todos de edificaci6n: con las palabras, con la conducta, con el buen ejemplo, con la urbanidad y buenas maneras, teniendo presente el aviso de Cristo, que dijo a los discípulos: Sed prudentes co– mo las serpientes (52). Máxima prudencia se requiere en la administra– ción de los sacramentos, especialmente del matri– monio y de la confesión, portándose como digno ministro de Cristo, a quien representa. Prudencia para no meterse en las cosas políticas o profanas que no están conformes con su alta mi– sión evangélica; para no dedicarse a cosas o tra– bajos poco convenientes a su dignidad sacerdotal; para saber alternar con los grandes y poderosos, con los ricos, los humildes y los pobres. El misio- (52) Matt., VI, 33; X, 16. 186 -
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