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la gracia de Cristo en las almas exige muchos tra~ bajos y penalidades de parte de los apóstoles y mi– nistros del Evangelio. Aquí tenemos indicado el gran misterio de nuestra asociación con el Salva– dor a su obra redentora. Unidos por la fe y por la caridad con el Salvador a la actualización de la gracia capital, o sea a la aplicación de la gracia de Cristo a las almas mediante el ministerio apos– tólico, la oración y toda especie de sacrificios. To– das esas penas, fatigas y sacrificios concurren para llevar la gracia divina a las almas y son como una especie de complemento a los sufrimientos de Cristo. Los sufrimientos de los Santos, de los misio– neros, de las almas buenas, son también medios de redención y sirven para descontar o disminuir las penas debidas a nuestras culpas. Mediante el dog– ma de la comunión de los Santos ¡ cuántas almas generosas se ofrecen víctimas por la conversi6n de los pecadores y santidad de los sacerdotes! Unen sus dolores a los de la Víctima Infinita, Jesús, y a los de la Víctima Inmaculada, María. Seamos, pues, corredentores en la medida que podamos con las oraciones, ayunos, sacrificios, tra– bajos, enfermedades y sufrimientos, aplicándolos todos por la redenci6n del mundo, por las necesi- - 178 -

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