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Anunciación; continuó durante toda la vida del Hijo hasta el Calvario, ofreciendo al Eterno Padre los dolores de su Hijo y los propios por la salva– ción del mundo. San Pío X, en la Encíclica Ad diem illum, escribió: "María, asociada por Cristo a la obra de la redención, nos merece con mérito de conveniencia todas las gracias que el Hijo ha me– recido con estrecha justicia." Benedicto XV añade: "Con el Hijo paciente y moribundo Ella padeció y murió, y en cuanto era de su parte, inmoló al Hijo, en modo de poder decir justamente que re– dimió con Cristo al género humano" (48). Según la enseñanza casi unánime de los Padres de la Iglesia y de los teólogos, María es Correden– tora de la Humanidad. Como Eva, fué asociada como esposa y cabeza de la Humanidad con el primer hombre, y pecando, causó la ruina de to– dos sus descendientes; así María, Nueva Eva, fué asociada a la obra de la reparación con Jesús, Nue– vo Adán, para darnos la gracia, cancelar el pecado, merecer la vida eterna. Lo que fué Eva en el orden de la naturaleza, fué María en el orden de la repa– ración y de la gracia. María ofrece a Jesús en el templo, y su corazón materno fué el primer altar del sacrificio que le (48) Bened. XV. Lec. 22, VII, 1918. - 176 -

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