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sús vino a mí por Ella, y yo debo ir a Jesús tam– bién por Ella. Es la escala; la puerta del cielo y el refugio de los pecadores. Si la Virgen es mi Madre es evidente que yo soy su hijo. Si Ella me ama con amor materno, yo debo corresponder con amor filial. Si Ella cum– ple con los deberes de Madre, también yo con ~– yor motivo debo cumplir con los deberes de hijo. Pero reflexiona: ¿ cuántos millones de hombres no reconocen a Dios por el único Creador ni a Ma"'. ría por Madre espiirtual de los hijos de Dios? Es– tán privados de la verdadera fe y de la gracia, sin las cuales es imposible la salvación. Todos los amantes de Dios y de María deben procurar, llevar la fe a las inteligencias que no la conocen, y la gracia a las almas que no la tienen. El que verdaderamente ama a Dios y a María debe procurar su honor, dilatar su gloria y lle– varles almas y más almas, para que consigan los fines por los cuales fueron creadas. EJEMPLOS.-!. j Un glorioso Conquistador llora! A los dieciocho años tenía vastos planes de gloria. A los veinte empezó a realizar sus proyectos. A los treinta había superado los sueños de su imaginación. Pero he aquí que llora a los pies de la grande Babilonia, la tie– rra de la civilización de aquellos tiempos. Su nombre es Alejandro Magno. El vencedor de Grecia y de Asia exclama: "¡En diez años apenas he podido conquistar - 169 -
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