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mos a El se lo debemos. Debemos trabajar para su gloria. Negociar con los talentos concedidos. Em– plear bien las potencias. No abusar de las gracias. Corresponder siempre con solicitud y generosidad. ¡ Cuántas ingratitudes para con Dios misericor– dioso! j Cuántos pecados cometidos! ¡ Cuántas gra– cias perdidas! ¡ Cuántos beneficios no correspondi– dos! He usado de los talentos para ofenderle. He ido en pos de los placeres, de la vanidad, de los honores, de las cosas de este mundo y me he ol– vidado de mi único principio supremo, que es mi Creador; y de mi último fin, que es su glorifica– ción. Dios creó al hombre para que le conociera, le amara y le sirviera, y, mediante el servicio en este mundo, le poseyera eternamente en el cielo. Pa– dre mío y Dios mío, ¿ cómo te he servido ? 2. En virtud de la Encarnación la Virgen, Ma– dre del Creador, o sea del Verbo Encarnado Jesu– cristo, es también mi Madre. Madre porque es Ma– dre de la Cabeza del Cuerpo Místico, Jesús. Ma– dre, porque mediante la Virgen Dios me dió la nueva vida de la gracia. Madre, porque me la dejó Jesús en testamento poco antes de morir, cuando estaba pendiente de la cruz. María es mi Madre espiritual, llena de gracia y de misericordia, de dulzura y de bondad. María es la Medianera universal de todas las gracias. Je- - 168 -
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