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forme con la raz6n y con la fe. Ningún cat6lico duda de ella. María Santísima, criatura dependien– te de Dios Creador. II. MARÍA, MADRE DEL CREADOR Parece una contradicción que una simple criatu– ra sea Madre del Creador; que María, siendo hija de Dios, sea también Madre del mismo Dios. "Qui creavit me requievit in tabernaculo meo" (42). La Iglesia aplica estas palabras a la Virgen y la saluda con esta antífona: Tu quae genuisti, natura miran– te, tuum sanctum Genitorem. Tú, que engendraste, con ayuda de la naturaleza, a tu santo Creador. Dios es Creador y creó todas las cosas por el Verbo. Oigamos a San Juan: "Al principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por El y sin El no se hizo nada de cuanto se ha hecho" (43). Siendo el Verbo Eterno Hijo de Dios, igual al Padre Creador, encarnándose en el seno inmacula– do de María, ésta fué constituída verdadera Madre de Dios. En Jesucristo existen dos naturalezas: una (42) . Eccli., XXIV, 12. (43) /oann., I, I-3. - 166-
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