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vivirás" (38). Estas palabras aplica la Iglesia a la Vir– ge~ Santísima. Alma mía, mira a María, escucha sus palabras, aprende la verdadera sabiduría, sigue sus con– sejos, sus enseñanzas, sus inspiraciones. Virgen prudentísima, eres mi luz, mi guía, mi espe– ranza, mi consuelo. No me dejes al capricho de mis pasiones, a las debilidades de mi carácter, a las igno– rancias de mi mente, a las inconstancias de mi volun– tad, a las vacilaciones de mi espíritu. En ti confío, a ti acudo ; óyeme, Madre, en tantas inseguridades de la vida, en las amarguras, en los-desconsuelos, en las ten– taciones, en los peligros que me rodean por todas par– tes. Tú eres mi.luz, mi faro, mi estrella polar. Mués– trate mi Madre y yo procuraré mostrarme tu hijo hu- milde, amante, devoto, dócil y obediente. , Pediré constantemente al Espíritu Santo el don de consejo por intercesión de la Madre del Buen Consejo, particularmente en las circunstancias difíciles e incier– tas de mi vida. , Antes de obrar o tomar decisiones importantes para mí o para los demás, consultaré la conciencia recta y obiectiva, lo que me enseñan Jesús y María. Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros. Mán– dame el Espíritu Santo con sus dones. llumíname y dame acierto en vida interior, exterior, privada, pública y social. ¡ Oh, María!, a quien debemos el beneficio de la Re– dención, obtiéneme la luz de la .verdad para seguir con docilidad los consejos que me des para que pueda llegar (38) Prov., IV, 1-4. - 1.61 ~
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