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ricordia conmigo, y lleno de confianza se acercó al misionero. Después de haberse confesado con señales de arrepentimiento, sintió tanta paz y alegría que hizo propósito de llevar más amigos al Padre misionero du– rante los días que duró la misión. Así este veterano soldado reparó los escándalos dados y trabajó para llevar máe almas a Dios. Un sacerdote hizo un viaje a las Indias Orientales para dedicarse al apostolado entre los paganos. En el viaje se levantó una tremenda tempestad en la cual todos temían perecer, excepto un jovencito que no te– mía y estaba alegre y contento. El sacerdote admirado le dice: "Jovencito, ¿por qué no tienes miedo?" "Por– que mi padre es el piloto. El sabe dirigir bien la nave y no permitirá que naufraguemos." Los navegantes lle– garon felizmente al puerto sin perecer. El sacerdote en– tonces dirigió la palabra a los presentes y les dij o: "Si este niño tenía tanta confianza en su padre, el cual, aunque experto, no podía impedir la tempestad porque su poder es limitado, ¿por qué nosotros no hemos de confiar en nuestro Padre celestial, de bondad y podn infinitos, que nos librará dé los peligros, de las r,ca– siones, de las tentaciones, de toda clase de enemigos, si por nuestra parte ponemos las debidas diligencias?" Súplicas.-Se escribe en los Proverbios de la Sabi– duría: "Escuchad, hijos, la instrucción de un padre, y estad atentos para conocer la verdad; porque yo doc– trina buena os doy, no abandonéis mi enseñanza. Pues también yo fuí un hijo para mi padre, tierno y único ante mi madre; y él me enseñaba y decíame: "Retenga mis palabras tu corazón, guarda mis mandamientos y - 160 -
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