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del mundo: Sic Deus dilexit mundum. Jesús, Hijo de Dios, Salvador: he aquí el gran consejo del Padre para la redención del género humano (35). Para mejor comprender el alcance de esta invoca– ción vamos a considerar los puntos siguientes: l. Consideraciones sobre la Madre del Buen Consejo. II. Historia de esta invocación. III. El don de, consejo en nosotros. l. CONSIDERACIONES SOBRE LA MADRE DEL BUEN CONSEJO En las Sagradas Letras el Hijo de María es lla– mado el Angel del Gran Consejo. El gran consejo que envió al Hijo de Dios sobre la tierra fué cele– brado por las Tres Divinas Personas, las cuales llenas de amor y de misericordia por el hombre caído determinaron que el Hijo tomara nuestra naturaleza para redmirla y salvarla. La Segunda Persona de la Santísima Trinidad voluntariamente se ofreci6 como víctima de rescate. Se hizo hombre para elevar al hombre hasta Dios. El Verbo Di– vino asumi6 la naturaleza humaµa en el seno in– maculado de María, resultando la Madre del Verbo "Encarnado, Madre del Angel del Gran Consejo. María lleva en su seno lá Sabiduría Encarnada, - 153 ~
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