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el cielo? ¿ Quién es capaz de contemplar su her– mosura y de cantar sus grandezas ? ¿ Quién es ésta que sube del desierto apoyada so– bre su amado? (33), ¿ Quién es ésta que se alza como la aurora, hermosa cual la luna, espléndida como el sol, terrible como escuadrones ordena– dos? (34). III. MARÍA, MADRE. ADMIRABLE EN LA IGLESIA MILITANTE Nosotros admiramos la obra de la creaci6n, las maravillas del universo, la sabiduría y omnipoten– cia de Dios en lo grande y en lo pequeño. Nuestra admiraci6n se aumenta si, iluminados por los prin– cipios de la fe, contemplamos el orden sobrenatu– ral, las obras portentosas de la Encarnación y Re– dención y los efectos de la gracia. Como hay cosas naturales, que no conoce la humana .inteligencia, hay también misterios sobrenaturales que superan las fuerzas de la razón humana y no se pueden comprender en esta vida. · Admiramos las obras de Dios y también las de (33) Cant., VIII, 5. (34) Cant., VI, 10. - 147-,-

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