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jamás: el Unigénito Hijo, el que está en el regazo del Padre mirándole cara a cara, E.l es quien le di6 a conocer" (29). Felipe, uno de los Ap6stoles, dice un día al Maestro: "Señor, muéstranos al Pa- d b " D' 1 J ' "1' . re y nos asta. ice e esus: anta tiempo es- toy con vosotros ¿ y no me has conocido, Felipe? Quien me ha visto, ha visto al· Padre, ¿ c6mo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo e~toy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que yo os hablo, de mí mismo no las hablo; mas el Padre, que mora en mí, El hace las obras" (30). Dios nos habl6 por medio de su Hijo; pero el Hijo de Dios Encarnado es también Hijo de María In– maculada. Esa es la Virgen-Madre, a quien llama– rán admirable todas las generaciones. La Tercera Persona, el Espíritu Santo, igual al Padre y al Hijo, coeterno, consustancial con Ellos, obra en María la Encarnación del Verbo. El Espí– ritu Santo es el Principio del Verbo hecho carne, María es la Esposa dilectísima que presta su con– sentimiento y su materia para la realizaci6n del misterio. Concibe al autor de la gracia y es llena de la gracia. ¿ No son admirables las relaciones que María tiene respecto de las tres Divinas Per– sonas? (29) ]oan., I, 19. (30) ]oan., XIV, 8-10. - 145.,.,.,.

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