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HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA En efecto, aproximándose la anunciada apertura del Concilio, y pensando - y pen– saba bien- que el cese del Cisma tenía que pasar por un concilio, el embajador volante, sin pedir permiso a su Papa - que nunca se lo hubiera concedido- atra– viesa en secreto los Alpes y fue de los primeros en llegar a Constanza. Cierto, esta– ba allí ya el 28 de noviembre. Continuaba de incógnito por la ciudad. Los mismos gendarmes pontificios lo tenían por lombardo: «lpse est magíster Didacus, subti– lisimus theologus in tota Lombardia reputatus». Caía así en desgracia de Bene– dicto XIII, pero continuaría manteniendo la amistad del rey Fernando, a favor del cual se puso a trabajar desde los primeros meses del Concilio. Se lo agradecerá pronto Fernando nombrándolo su «orator>> oficioso ante el Concilio y sacándolo así de su camuflada situación. Esto dio ocasión para otra importante etapa en 1415. Viendo que el Concilio se iba afirmando, fray Diego, con cartas credenciales de los Padres de Constanza, y sobrepasando en el camino a Segismundo que, autorizado también por el Concilio, iba en la misma dirección, se precipita a Cataluña para convencer al rey Fernando a que se adhiriese al Concilio. Y lo convenció. Moxe– na, cumplida su misión, regresa a Constanza. Pero no iba a ser ésta la última etapa. El II de noviembre de 1417 viene elegido papa Martín V por el Concilio que, a la sazón, representaba ya todas las partes de la Cristiandad y así se ponía fin al Cisma. Pero, no sé por qué, fray Diego, descontento de la elección, abandonaba bruscamente el Concilio y pedía por carta a Benedicto XIII le admitiese de nuevo bajo su obediencia. El ahora ciertamente antipapa, el 19 de mayo de 1418, delega a un canónigo de Barcelona para que le absuelva y le rehabilite para poder recibir cualquier dignidad eclesiástica, inclusa la de sumo pontífice. Por supuesto, fray Diego nunca llegará a ser papa de Peñíscola. Prefirió continuar caminando. ¿Y hacia dónde? No lo sé. Pero dejándome llevar de ciertos indicios, yo diría que de inmediato debió de proseguir viaje hacia Andalucía, concretamente, hacia Sevilla, de cuya sede episcopal acababa de tomar posesión, unos meses antes, el salman– tino Diego de Anaya y Maldonado, también él poco satisfecho de la elección de Constanza. Por otros indicios cabe sospechar que fray Diego se acercase más tarde a Zamora, donde era obispo un pariente suyo, Diego Gómez de Fuensalida. En fin, sensim non sensim, el maestro salmantino parece dar la impresión de que, no obstante su apostasía, no quería morir como cismático. Pienso que vivía hacia 1420 y que debió de morir poco después de Benedicto XIII (t 1423). Sus muchos viajes no impidieron a fray Diego mover también la pluma. Ofrez– co a continuación una lista provisional de sus escritos; fuera de los comprendidos bajo las letras a)-e), los demás son anónimos; por tanto, lo de provisional se refie– re tanto al número como al fundamento de la atribución de dichas obras a fray Diego: a) unas 43 poesías editadas en el Cancionero de Baena; b) colección de actas y relaciones de los primeros meses del Concilio de Constanza, enviada al rey Fernando I el 14 de mayo de 1415, «per suum assiduum oratorem magistrum Didacum de Moxena»; c) Capitula agendorum in concilio generali Constanciensi (forma parte de la colección precedente); d) Epístola a Fernando I, Constanza, 9 de julio de 1415; e) Recepta ad memoriam secundum mag. Didacum Hispanum

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