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vimos en la Legación unos cinco días. Hacía más. de quince años que no nos veíamos. Al mirarme,. exclamó: -¿Cómo? No estás a la moda ... -¿ Por qué? -replico-. -No usas pantalones arremangados como yo; ni zapatos de corte bajo, ni medias y corbata d.e color ... Ya había notado yo cuán peripuesto me llegaba el viejo amigo, tan distinto al que había conocido. Al terminar la comida, saca una lujosa cigarrera~ y brindándome un cigarrillo, dice : -Yo fumo¿ tú no fumas? ¡ Rarezas tan ajenas a su carácter!" 15.-Algo que entonces no se explicó su buen amigo Domínici, y que' nosotros sabemos ahora que lo hacía por virtud. ¡ El mesurado y serio Dr. HERNANDEZ haciendo el ridículo ... ! Nadie lo hubiera podido creer. Y la sociedad de Caracas se lo calló, declarándose impotente para desci– frar aquel misterio de HERNANDEZ convertido de monje en dandy de la sociedad caraqueña. Tenemos otra vez a JOSE GREGORIO en el mundo. Otra vez en su cátedra de la Universidad. Otra vez en su tarea de caridad cristiana y de buen ejemplo, semilla de la sociedad. Pero su espíritu no estaba derrotado. En su imaginación seguía revolviendo las ideas del sacerdocio y del monacato, como una sola aspiración para su alma que buscaba las alturas. Ideaba nuevas sendas para llegar a. aquel ideal que le absorvía todos los anhelos. 16.-En julio de 1913 -cuatro años después- se vol– vió a embarcar rumbo a Italia, previendo otra vez en la le– janía el sacerdocio, y el reingreso en la querida Cartuja de Lucca. Roma y el Colegio Pío Latino-Americano eran su meta en esta nueva tentativa. En el viaje lo acompañaba su hermana Isolina de Car– vallo. Ya hemos apuntado en otra parte lo dolorosas que· -139-
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