BCCCAP00000000000000000000946

PUNTO 11 Dios, que es, por decirlo así, la esencia principio de de todas las hermosuras, de todas las bondades, de todos los placeres, será el objeto de nuestra bienaven– turanza: Jo veremos cara a cara, y con verle lo amare– mos, y amándolo nos haremos semejantes a El; santos, en cuanto la criatura es capaz, como sabios, bienaven– turados y perfectos como El. Esto es lo que en et Paraíso haremos. Esto e!i lo que seremos. ¡Oh dulce ocupación! Alma mía, ¿qué haces aquí sobre la tierra, entre las criaturas? ¿Qué buscas? ¿Pue– des acá estar jamás contenta? No, no estará jamás satisfecho mi corazón, mientras no vea vuestra gloria, ¡oh Dios mío! Pero ¿cuándo lograré verla?, ¿cuándo? Cree: entretanto, alma mía, ten paciencia; y no lo dudes: pronto, pronto verás con tus ojos a Dios tu Salvador: esta esperanza te consuele en tus penas, te anime en tus trabajos; pues ella puede endulzar todas tus amarguras. Esforcémonos, pues, a padecer con Cristo, si con Cristo queremos reinar y gozar de Dios, y gozarle por toda la eternidad, mientras Dios será Dios, sin temor alguno de perder jamás aquel sumo bien. Si en la Religión hay alguna cosa que tal vez nos resulte repugnante y desabrida, digamos: todo esto ¿qué es para una vida eterna? Creo, creo en la vida eterna. Todo es poco para ganar un Paraíso que es eterno. Conoceremos esta verdad a su tiempo, y nos pasma• remos de que Dios haya querido complacerse en re– munerar con una eternidad de contentos, tan· poca cosa que apenas duró unos instantes,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz