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262 CAPITULO VI, PARTE I, ART. 1 El primero viene seguido de un consejo, el de ir. por la limosna sin avergonzarse; y el segundo, precedido de otro: que los frailes se traten con familiaridad. PRIMERA PARTE los frailes no pueden tener nada en propiedad Dividiremos esta parte en tres artic~los: 1) El precepto de la pobreza. 2) El consejo de ir por la limosna. 3) Motivos de amar la pobreza. Art.1. EL PRECEPTO DE LA POBREZA «Los frailes no se apropien cosa alguna.» 424 «La raíz 'de todos los males es la codicia y muchos, por dejarse llevar de ella, se extravían en la fe» (1). La codicia tiene su raíz en el afecto de la mente y delco– _razón; pero la ocasión son las cosas terrenas. Por eso ló primero ha de. ser arrancar su amor mediante la pobreza de afecto y para conseguir esto es sumamente conveniente des- 0pojarse de los bienes mediante la pobreza efectiva. Esta se:– gunda, sin la primera,. hace del fraile un hipócrita; y aque– lla, sin la segunda, no nos hace evangélicamente perfectos, según enseña Jesucristo: «Si quieres ser perfecto, vete, ven'.' de lo que tienes ... y ven y sígueme» (2): Entre ambas harán perfecto al religioso. Y de hecho la pobreza, como nota S. Buenaventura (3), sirve para desterrar todo pecado, porque hace que expiemos las culpas pasadas y nos aparta de las ocasiones de volver– las a cometer; sirve para ejercitar perfectamente la virtud, prueba la adquirida y la conserva; nos proporciona una .ine~ fable alegría interior, ·nos da mayor seguridad en este mundo 'y en el otro, y nos infunde la esperanza de un copioso galar– dón. Fínalmente sirve para la difusión de la predicación evan– gélica, al hacerla más fácilmente aceptable y más eficaz. Acerca de la pobreza hablaremos: (1) I Tím. ?z 10. '(2) MAT. h1, 16. (3) Apología pauperum, en Op. omnia; t. VIII, p. 29$.

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