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256 CAPITULO V, PARTE U, ART.1 Dios, con voz humilde y baja, o se lea algún libro piadoso, que oirán todos atentamente con gran modestia y caridad, o se guarde silencio» (10). Por tanto, sería abiertamente contra la mente del san, .to Padre, y una grave falta de caridad, si nuestros superio, res impusiesen a sus súbditos o se mostrasen satisfechos de un trabajo que absorbiese de tal modo la vida, que llegase a ser un obstáculo para la vida espiritual y de piedad. Hasta decimos que contraen una grave responsabilidad los superio, res que permiten a sus súbditos tales ocupaciones. Recuerden asimismo tanto superiores como súbditos, que el trabajo que les apartase de la oración y del recogi– miento no podría ser bendecido por Dios ni por el Seo. Pa– dre, el cual dijo expresamente que todo trabajo debe ir sub, ordinado al espíritu de la santa oración y devoción, al cua.1 las otras cosas deben servir. SEGUNDA PARTE Del precio del trabajo « Y del precio de su trabajo reciban las cosas necesarias ... » Hablaremos de tres cosas: 1) Si es lícito 1J qué es lícito recibir por el trabajo; 2) Para quién se recibe; 3) Cómo se debe recibir. Como apéndice, hablaremos del estipendio de las misas. Art. 1. EL PRECIO LICITO POR EL TRABAJO 411 Siend~ el trabajo algo susceptible de precio,. es por lo mismo lícito recibir por él una recompensa. Lo exige la misma finalidad del trabajo: Dios lo estableció para que sir, viese de remedio las necesidades humanas; por tanto, el que trabaja debe sacar del trabajo 10 que necesita para vivir. :Por eso S. Francisco permite a sus frailes recibir el precio del trabajo. De su Testamento podemos deducir que ése debe ser el primer medio de sustento: «Y cuando no les dieren la re, compensa del trabajo, vayan por la limosna de puerta en puerta». Por tanto, antes de pedir, trabajar. 415 En cuanto a lo que podemos recibir, es todo aquello que pueda ser necesario o útil a nuestra vida o ministerio. (10) Const. 93.

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