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DE LA MANERA DE TRABAJAR 255 pa suya. Los que, pudiendo, rehuyeren el ministerio, deben ser castigados por los superiores (9). Hasta es muy conve– niente que los mismos superiores y otros que desempeñan otros cargos, en cuanto sea compatible con sus deberes, y para dar buen ejemplo, especialmente los días de fiesta atien– dan también al sagrado ministerio. Siendo tan variado el trabajo espiritual, ¿cuál es el más a propósito para el fraile menor? El Seo. Padre en el Testamento recuerda a sus frailes que trabajen en un trabajo honesto. La frase es, pues, am– plísima: y es una característica de nuestra orden el aplicarse a cualquier campo de la actividad humana, a ejemplo de Cristo y de los Apóstoles. Y esta característica nos distingue de las otras órdenes, las cuales suelen tener un campo más determinado. Pero con esto no negamos que nuestra orden en su de– sarrollo no haya dado preferencia a algunas actividades par– ticulares, que vienen a constituir como una orientación en nuestro trabajo, tales son la predicación entre fieles e infie– les, la asistencia a los hospitales ... , a los cuales trabajos prin– cipalmente debe atender la mayoría de los frailes. Pero seria un error el encauzar toda nuestra actividad en estos dos úni– cos campos de apostolado y excluir, cuando hay sujetos idóneos y las circunstancias lo piden, otras ocupaciones. Más perjudicial sería el error de abandonar las primeras y orientarse hacia otras, hacia actividades propias y carac– terísticas de otras Ordenes o Congregaciones. Art. 3. DE LA MANERA-DE TRABAJAR «Trabajen fiel 1J devotamente, de tal manera que, echada fuera la ociosidad, no maten el espíritu de la santa oración y devoción, al cu.al espíritu las otras cosas temporales deben servir.» 413 La manera de trabajar está claramente indicada en aquellas palabras «fiel y devotamente»: según la voluntad de los superiores y con recta intención. Sabiamente interpretan nuestras Constituciones la mente del seráfico Padre: «Los frailes, mientras se ocupan en trabajos manuales, no dejen entre tanto de ejercitar la mente en alguna espiritual medi– tación, en cuanto lo sufra la humana fragilidad. Por eso les exhortam'os a que durante el trabajo se hable siempre de (9) Ord, 121,

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