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DEL OFICIO DE LOS HERMANOS LEGOS 209 2) Na,turaleza de esta obligación: No parece que obli~ gue bajo grave, dado que dicha misa litúrgicamente puede s1::r considerada como un complemento o apéndice del oficio coral. Por otra parte entre nosotros el oficio coral se intro~ dujo en fuerza de una costumbre. Ahora bien; mientras es cierto que la comunidad intentó obligarse gravemente a re– zar el oficio coral, no consta que hayan querido obligarse gravemente a la asistencia a la misma conventual. La obligación proveniente de las Constituciones (61), es de naturaleza constitucional; pero los Super~ores, al estar en conciencia obligados a hacer observar las Constituciones, están consiguientemente obligados a procurar que todos sus súbditos. no legítimamente impedidos, asistan a dicha misa. y hasta les pueden obligar con penas a tenor del derecho. 3) La obligación afecta a la comunidad 1J no ·a cada individuo, lo mismo que la recitación del oficio en el coro. La obligación queda, pues, probablemente cumplida si asís~ ten dos religiosos. Parece ser que Ios'hermanos legos pueden contarse entre los que bastan para satisfacer tal obligación. Art. 5. DEL OFICIO DE LOS HERMANOS LEGOS «Mas los legos digan veinticuatro veces el padrenuestro por maitines; por laudes, cinco. Por príma,tercía, sexta 1J nona, por cada una de estas horas, siete; por víspe~ · ras, doce; por completas, siete; y oren por los difuntos». 349 En cierto sentido el oficio de los hermanos es oración pública, como el de los clérigos. Aunque no sea tan varia~ do como el de los clérigos, no por eso es menos noble. Tam~ bién el hermano lego, rezando su oficio, participa activamen~ te en perpetuar en el tiempo la eterna oración de Cristo: . represénta, por tanto, la misma personalidad de Jesucristo. Que se revista de este espíritu y encontrará bello, atrayente y fructuoso su oficio. a) De qué consta. Del rezo de 76 padrenuestros, distri~ huidos en las distintas horas según acabamos de indicar. Además el Seo. Padre manda a los hermanos legos que rueguen por los difuntos. Y nuestras Constituciones, ínter~ pretando su deseo, mandan que los hermanos digan los cín, (61) Const. 55.

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