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XXIX ¡ABANDONADO! Las horas del sufrimiento para Jesús en el Cal– vario se iban sucediendo de una manera lenta y pesada. Negras y espesas tinieblas han extendido su manto de luto sobre el monte del sacrificio y sobre fa creación entera. A los vivos resplandores de un sol primaveral, siguióse la noche precipitada del Viernes Santo; a la alegría, las tristezas; a la risa, el llanto. Todo en el Gólgota anuncia una catástrofe inmi– nente; de ello sé aperciben los enemigos de Cristo, y después de insultarlo a más y mejor, allí lo dejan clavado, entre dos ladrones, presa de horribles y nunca vistos sufrimientos. Ellos huyen del monte, se apartan del crucificado. Ya les da en rostro su sola figura; para ellos es un remordimiento aquel reo. Jesús está agonizando, moribundo. · Silencio profundo e imponente reina en el monte, de cuando en cuando interrumpido por los sus– piros de algunas almas buenas, que a la cruz se han acercado; ·por las quejas de los dos ladrones; por las observaciones de los curiosos, que quedan en el monte, esperando el triste fin de aquella escena, la que cada vez toma mayor interés. La Víctima Divina continúa pendiente del madero infame. ttorribles dolores atenazan .su cuerpo; fiebre ardiente hase apoderado de sus entrañas. Negras sombras lo rodean por fuera; espesísimas tinieblas 159

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