BCCCAP00000000000000000000905
todas cubiertas de verde hierba y atravesadas por arroyuelos de frescas y clarísimas aguas, embellecidos con pequeños bosqueci– llos junto a uno de los cuales había instalado la Comisión sus tiendas de campaña. El clima era de una primavera perpetua, templando el sol del medio. día la fresca brisa que allí nunca falta. Pasé los días 30 y 31 con los indios tanto venezolanos como brasileros de ambas comisiones, trayéndolos a oír la Misa, explicándoles algo de doctrina y cantando con ellos cantos en Taurepán, unos enseñados por los P.P. Benedictinos del Brasil y otros por nosotros. Cuando les enteré del. fm de mi viaje, me disuadieron de que fuera a Arabop6, pues, al dejar · aquel poblado de indios, tanto brasileros como venezolanos, tuvieron con los indios un gran disgusto, llegando éstos casi a la agresividad, cosa rarísima entre aquellos indios. El día de año nuevo, celebré la Misa sobre el mismo poste de límites. Asistió la Comisión Venezolana ya indicada con el joven Félix Level, hijo del Cónsul anterior de Venezuela en Manaos y la Brasilera, compuesta po( los señores Puyucm Cabalcanti, Louret Martins, Adamar, Picasso, Samuel Estelita - Pemes y L. Ofireicer. La Comisión Venezolana acordó mandar un telegrama de 'felicitación de año nuevo al Ministro Dr. Itria– ao Chacín y ofreció un banquete a ambas comisiones, organiza– do por el Dr. Briceño Rossi, resultando eic.--pléndido a pesar de lo limitado y difícil de los recursos en aquellas soledades. Encomendándonos a Nuestro Señor, salí el día 2 con dos mulas y tres indios para Arobop6, en contra del parecer de los amigos de las comisiones, pero los indios me recibieron tnuy bien. Estuve dos días allí y salí para pasar el día de Reyes en Santa Elena. En Arabop6, a pesar de haber estado los adventis– tas bastante tiempo, no hicieron gran cosa y había menos apego a ellos que en Acurimá. La deferencia y hasta cariño que encon– tramos en los indios de Arabop6 y lo bien que allí sería acogido un Centro Misional, manifestado por el Capitán, tanto a mí como al P. Cesáreo dos años después, me llenó de consuelo. En el camino pasamos un susto, pues los indios pegaron fuego a la sabana y, temiendo que por la sequía ardiera el bosque, tuvimos que pasar las cargas casi por el medio del fuego a lugar seguro. Sin mayores contratiempos, llegamos la víspera de Reyes a Santa Elena. 100
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz