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estas operaciones. Lo mismo sucedía cuando había que transportar ¡anado · del Brasil, pues se pusieron prácticós en el paso de rosques y vado de nos, cosa bien enojosa y pesada. El desayuno lo constituía la mazamorra: maíz cocido con agua y sal y sazonada con manteca o azúcar. La comida, pláta– nos con arroz; plátanos y carne con harina de yuca. La cena era lo mismo que la comida. Los domingos hacíamos alg1mas excursiones y siempre cazaban y pescaban, llevando sal y ají para asar lo que se con– seguía.' Gozaban mucho, pues la caza y la pesca son oficio favorito de los indios caribes. Los hígados de las reses y los riñones los cocinábamos muy bien y los adobábamos con sal, ajo, ají dulce y aceite, bien machacado todo, y lo encontraban riqu(siíno~ sobre todo en los paseos. El día de San Francisco, el día de Navidad, el día de Corpus y alguno que otro, matábamos una res que se consumía en el dí~ pues acudían los familiares de los niños. Siempre se preparaba kachirí en abundancia después de la llegada de las hermanas, ptles antes, nos coritentábamos con servirles guarapo de caña y los chicos bailaban juntamente con sus paiierites alrededor de las grandes camazas de guarapo de caña, acompa– ñado ·de alguna camaza de auténtico kacbirí que las indias traían de regalo, al que la Misión correspondía con otro regalo de más valor. En el Corpus de 1932 hicimos la primera comunión de los indios que nos habían acompañado durante dos años, muy bien preparados y dejados cuantos resabios habían adquirido en compañía de los adventistas. Tuvimos una solemne procesión por la mañana después de la Misa con el Santísimo y dos alta– res, acompañando los indios al P. Eulogio con cantos litúrgicos. Fue algo bello.. y edificante. · . Los indios de las chozas muestran mucho respeto y nadie cuchichea en la iglesia ni en la procesión 111. más mínima pala- bra. . . Desde entonces, los indios hacían los primeros viernes y comulgaban los domingos los que querían, pues los Misione– ros procurábamos instruirlos de manera que, al confesarse y al comul¡ar, sintieran la responsabilidad de los propios actos en lo posible, y no tuvieran la menor pena de dejarlo de hacer, •ni se tuvieran por mejores ni ~. apreciados los que lo hacían o los 96
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