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El P. Eulogio se dedicó a la escuela y a la lengua, .en que hizo notables progresos. Los religiosos nos levantábamos a las 4 a.m., nos ·dedicábamos a las preces y oración mental, hasta las cinco en que, levantados los indios, hacían el ofrecí– .miento de obras, después de rezar el Angelus. Los ordeñadores iban a hacer su ofició y los demás oían la primera misa. Al terminar, unos iban a hacer la limpieza; otros, a la cocina dirigidos por uno de los Misioneros, después de haber dado gracias. Antes de las 7 rezábamos las horas menores y a conti-. nuación el desayuno.· Trabajábamos por la mañana, .nunca más de tres horas en el conuco y, previo el baño, una hora de escuela. Comíamos a las 12 y a la l y 1/4 a la escuela, hasta las 4. Antes de las 7 p.m., hacíamos diversos quehaceres de la casa: traída de frutos del conuco, arreglo del ganado, etc. A las 7, comida. Antes de las 8, el rezo del Rosario y a las 8 l/4 acostarse. Los Misione– ros a esa hora rezábamos .el Oficio Divino y nos reti.rabamos después de las 9, no sin antes revisarlo todo. La cría del ganado no nos dio buen resultado por tres causas: el tenerlo que atend.er nosotros, por no encontrar perso– na competente y responsable: unos lamederos de tierra que nos diezmaban el ganado y bestias, c<>mo el tigre, el barbasco, que en quebradas y lagunas echaban los indios y que enflaquecían el ganado hasta. consumirse; y los indi9s que, al. extraviarse una res, la beneficiaban para darse un espléndido banquete. Fr. Gabino enseñó a dos indiecitos, .Pablito Fierro y Pablo Casado, a coser a máquina y a cortar ropa de hombre, saliendo sastres consumados. y Juan, indios mayores y casados, nos aserraban tablas, dirigidos por el Costeño. Cayetano, pudiendo poner puertas y ventanas a la casa. En el lavado de ropa y en la coci– na intervenía.n todos, Como no era posible asignarle a oo ruño la· tarea de cocinero mayor, esto lo hacía un Hermano y, en su defecto, uno de íos Padres. En fo que no tenían precio era en trabajar .el ganado. Los mayores hacían todas las operaciones que ~ acostumbran en los hatos: amansar novillas bravas hasta quedar mansitas; enlazar toros en plena sabana, berrar y ~nefi– ciar las r~ y salar, curar gusaneras, etc.. El mayor placer para ellos era pasar tres a cuatro días en el• hato, ejecutando 95

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