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para dos años. Y eritre los ríos Wairén y Kuquenán -muy cerca de éste- a la orilla, cabe una quebrada de agua fresca y cristali– na, hicimos el corral de ganado bueno, y una casita para el casero en·fonna parecida a las que había en el Brasil para casa de habitación. En aquel viaje traje cochinos, pues los comprados por Peña con dinero de la Misión, parece que le había dicho al hermano que eran suyos y no se lo quise .discutir. Al contrario, para evitar roces, cuando me dijo que aquellos cochinos eran de ambos, soslayé la conversación cual si no tuviera importancia y pusimos una cochinera en Kuquenán. El primer invierno había sido fatal para Kuquenán, pues el tigre nos comió unos 1Obecerros, pero en Manaos conseguí estricnina y nos dejaron en paz por dos años. Lo más dificil ha sido siempre conseguir vaqueros, pues varios que hemos encon– trado se descomponían o nos los descomponían, encontrando gran<les dificultades para el cuido del ganado. El sitio es uno de los más pintorescos y bellos que posee la Gran Sabana, siendo a la vez centro donde se desarrollan algunas de las mas interesantes leyendas de estos indios. Está rodeado por el este del cerro de Seiktá, que no baja de 400 metros de altura, siendo, por la parte del hato, casi perpendicu– lar e inaccesible. Está el hato cercado por los nos Kuquenan al norte, Wairén al oeste, Seiktá al este y, por la parte sur, los bosques de Brasil y los cerritos cercanos a Kevei. Extensas sabanas, rodeadas .de bosques se ven a todo lo largo del Wairén y Kuquenán, cruzadas por pequeños arroyos que tienen sus manantiales en los morichales. Sabana y morichales, a todo lo largo de Seiktá, de donde bajan arroyos d.e agua que aumentan los manantiales de los moricb.ales, wi extenso morichal entre Seiktá y los cerritos indicados con lagunas de alguna extensión y objeto de leyendas antiguas, con alguno que otro bosquecito, formado alrededor de las quebradas que descienden del Seiktá. La cumbre del Seiktá tiene algunas sabanitas y pequeños arbustos, pero está atravesada por quebradas, cuyo fondo son pequeiias pedrezuelas multicolores formando baños o piscinas naturales de metro y medio de profundidad y de aguas frías y claras como el cristal. Allí se goza de panoramas comparables a los descritos antes de bajar la primera vez a las llanuras de Kuquenán. 94

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