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364 ALEJANDRO DE VILLALMONTE de desear la beatitud propio de la esperanza, puede ser un acto éticamente bueno e incluso meritorio, puesto bajo el imperio de la caridad. Pues deseo la beatitud no en cuanto es un bien para mi, sino en cuanto implica el poder amar a Dios sobre todas las cosas 35 • No por satisfacer el deseo de la propia felicidad. En cuyo caso, si cabe decir la frase de los místicos: aunque no hubiera cielo (Dios beatificante) yo te amara, por ser infinitamente amable en sí mismo. Finalmente, como dice Escoto, el sentirse feliz es algo posterior al acto por el que la voluntad ama a Dios como objeto aquietante de su deseo de amar. Es decir, el alma es feliz luego que ha amado al sumo Bien con el sumo amor de que es capaz. Y no amo al sumo Bien porque me ha hecho feliz. Esto sería utilizar a Dios el hombre para su bien. Pero en lenguaje de san Agustín, a Dios hay que fruido (ftui - amore inhaerere), no utilizarlo (uti) para nuestro bien 3 6 • 3. El ciudadano valeroso Además de los anteriores razonamientos, Escoto recorre a la experiencia hu– mana para mostrar la existencia de un amor del todo desinteresado (amor puro) a aquello que el hombre estima como bien supremo. Dice Aristóteles que el ciuda– dano valeroso (fartis politicus) da la vida por la República, por el bien común en un acto de supremo desinterés, de "amor puro". Sin esperar premio alguno. Y menos la felicidad en esta vida, o en otra futura, que él desconoce. Mucho más razonable y justificable será el amar a Dios, sumo Bien del universo, sin esperanza de beatitud, sólo por su Bondad, sin desear recompensa 37 • 4. El héroe rojo y el mártir cristiano Al lado del aristotélico "ciudadano valiente" conocido por Escoto, se podría poner el ejemplo del héroe rojo, traído por E. Bloch. Este filósofo, de filiación marxista humanista, propone este tipo de hombre para mostrar la superioridad 35 "Es meritorio el desear la felicidad / beatitud, pero no en cuanto es un bien para mí, sino en cuanto es un acto de perfecto amor de Dios como bien en sí", Oxon., III, d. 26, q. un., (ed. Vives, XV, 343-344). 36 Según terminología agustiniana, adoptada por Escoto, "fruir" es "unirse por amor a Dios por sí mismo". En contraposición al "uti": que es amarle por otra cosa. En este caso, amarle por– que me hace feliz. Entonces estoy "utilizando" a Dios para mi provecho. 37 Lect., III, d. 27, q. un., n. 40; 41-43, (ed. Seor., XXI, 212); Oxon., III, d. 27, q. un., (ed. Vives, XV, 367-368).

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