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348 ALEJANDRO DE VILLALMONTE Tú me mueves, Señor, muéveme el verte, clavado en la cruz y escarnecido; muéveme tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor de tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, por que, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera 1. El contexto espiritual y cultural más lejano y amplio del soneto se podrá apre– ciar más adelante, cuando hablemos de la historia de la mística del amor puro. Como predecesores y posibles inspiradores del soneto se suelen señalar a Juan de Ávila (1499-1569) y a Diego de Estella (1524-1578). Juan de Ávila dice: "Y así es que, aunque no hubiese infierno que amenaza, ni paraíso que convidase, ni mandato que constriñese, obraría el justo por solo amor de Dios, lo que obra" 2 • Más explícito Diego de Estella: Si, por caso imposible, pudiese estar en la gloria gozando de la vista de la divina esen– cia teniéndote ofendido, o arder en el infierno sufriendo todas las penas que padecen los dañados, estando bien contigo, más quiero ser atormentado en lo profundo del infierno, teniendo tu divina gracia, que gozar de la gloria con tu ofensa. Mi gloria es tenerte contento y mi infierno es tenerte a ti ofendido. (...) El que dice ama y guarda los diez mandamientos solamente o más principalmente porque le des gloria, téngase por excluido de ella. No es guiado este tal, por tu santo amor, pero es llevado del amor propio. Y a sí mismo se busca en lo que hace 3 • M. de Unamuno ironiza sobre estas expresiones del soneto y dice: 1 Sobre este soneto ver el reciente estudio de A. Enríquez Chillón, Sugerencias en torno al soneto, "No me mueve, mi Dios", en NyG 49 (2002) 299-332. El soneto, de autor desconocido, lo publicó en 1628 A. Rojas, en un libro titulado, Vida del espíritu. También Calderón de la Barca tiene un soneto que expresa similares sentimientos de amor puro. Ver Enríquez Chillón, Sugerencias en torno al soneto, 331. 2 Juan de Ávila, Audi Filia, en Obras competas del santo maestrojuan de Ávila, l: Biografia, Audi Filia 1556y 1574 (BAC, 302), Madrid 1970, 683. 3 Diego de Estella, Meditaciones devotísimas del amor de Dios, en Místicos Franciscanos Españoles, III (BAC, 46), Madrid 1949, 64-65; 63-66.

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