BCCCAP00000000000000000000817

-¿Y qué alimento le has . dado al pobre pequefio? -Comida masticada antes por mí. No tengo leche. Mis pechos están agotados. El niño tenía una obstrucción terrible. ¡Cuántos in– diecitos mueren en la infancia por falta de alimento ade– cuado! A todo correr llega otro •para avisarme que una india se está muriendo en la maloca. Sin más, dejo la ocu– pación en que me hallo; agarrn el maletín de los San– tos Oleos y, después de tres horas de. jornada a pie, lle– go al. lug~r de la enferma. Tenía ya dos días sin poder dar a luz. El esposo había tenido que extraerle el niño cortándole miembro por miembro con una navaja ordi– naria sin desinfectar. ¡Cuántas madres y niños mueren en estos casos por falta de un médico o de una partera! Basten estos casos par.a.:,citar entre los mil que le ocu– rren al misionero en aquellas . apartadas regiones, donde tiene que ser padre, abogado, Juez, médico, maestro, al– bañil, carpintero, labrador y cocinero. 6.-ESCARMIENTO EN CABEZA AJENA. Fúe cosa de la que siempre tuve ··gran sentimiento no haber aprendido antes de ir a ·las Misiones, algunos ru– dimentos sobre medicina, artes y oficios, pues me hu– biesen ·· p,restado allí gran servicio. .Como no teníamos ofi– ciales civilizados, porque no los había y porque nuestra gran pobreza no nos permitía llevarlos de tan lejos, te– níamos que suplir con el .discurso y la. intuición el modo de construir casas a base de piedra y ladrillo, el modo de hacer muebles, aserrar tablas, y así de los otros oficios. Yo sentía afición especial por la carpintería, tal vez 154

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz