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5.-'-TRABAJ0··. ABRUMAD0R. Veintiocho indiecitos cobijábamos en el colegio aL lle– gar yo a Santa Elena. El horario que estrictamente .seguíamos uno y otro dia era el siguiente: A ·las cuatro y cuarto de la mañána nos levantába-– mos los misioneros para hacer algunos rezos y oración mental. A las cinco y cuarto hacíamos levantar a los muchachos que ordenadamente iban a la capilla a .oír la santa Misa con las explicaciones que les hacía uno de los padres. Acabada ésta tenían ellos un rato de expan– sión bajo nuestra. vigilancia,. durante .eL .cual les obligá– bamos ,también a verificar ciertas labores de aseo y lim– pieza·. hasta ,la hora del desayuno, que solía ser a las siete. Después del desayuno íbamos a los trabajos • de agricultura, albaflilería o carpintería, respectivamente, en los que _hacíamos trabajar _a los indiecitos, parte por necesidad, pues nuestro solo trabajo no rendía lo sUfi'– ciente para alimentarnos, pero más principalmente para que fueran aprendiendo y habituándose 'a la vida labo– riosa. Dejábamos esas labores a las diez para darles :- es-– cuela hasta las doce; ·en ésta Jes enseñábamos la Reli– gión y todos los conocimientos que se suelen dar en los países civilizados ·al grupo de instrucción primaria O ele– mental, haciendo mayor hincapié en la geografía e· his– toria nacionales para irles inculcando 'el amor a la pa– tria a la cual pertenecen, .y les obligábamos a cantar con frecuencia el himno venezolano, d.e modo especial cuan– do se izaba o arriaba la bandera de la Nación, que por lo menos, se hacía todos los domingos y días festivos. De doce · a dos de la tarde · teníamos la comida, recreo y Un rato de siesta. De dos a cuatro reanudábamos-' la ta– rea escolar. De cuatro a cinco y media volvíamos a los 151

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