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1110s .puesto a su disposición, y aqui y allá se veian •• foga– tas, en las que otros se encargaban de asar la carne. Viendo tan extraordinaria animación, nos sentíamos verdaderamente felices los misioneros en aquella noche memorable y ponderábamos cómo el júbilo santo de la cristiandad por la venida del Redentor al mundo echaba ya sus raíces en aquellos pueblos infieles. Mas poco duró nuestra felicidad. Celebramos la Misa del Gallo cantada, y adoramos al Niño ·Jesús entonando alegres villancicos. Concluida la función de iglesia, llevamos a los muchachos al dormi– torio para que tomaran su descanso. ¡Faltaban seis! --¿Dónde están? -preguntamos los misioneros muy preocupados. -----Nosotros no sabiendo -contestan los otros mucha– chos. Salimos fuera, repasamos •.uno .. por uno todos los corros de · indios que aún quedaban. 'En ninguno aparecen ni nadie da razón de ellos. · ~¡Pues, no hay duda, se han .huido! ¡Vaya aguinaldo más precioso que nos ha tocado este año! Los•· .misioneros nos miramos. uno· a otro como petrifi– cados, sin saber qué determinación tomar. Volvemos al dormitorio de los muchachos. --¿Pero vosot.ros no lo sabíais? Silencio profundo. -¿Nada les oísteis hablar antes acerca de su fuga? Silencio profundo. -¿Qué rumbo tomaron? Nadie contesta. De sobra sabían todo eso; pero estos indios tienen la buena cualidad de no delatarse ni aun– que se les ponga en el tormento del potro. ---Pues hay que· descubrir la ·pista ~dice el padre 149

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