BCCCAP00000000000000000000817
Sito está en la garganta : que, a modo de herradura, forman los cerros de Manakavarái y Kurek, y es una gran piedra, con un · pequeño montículo en medio, nítida y tersa por la corriente secular de las aguas que, con es– trépito, bajan de las cumbres de los cerros, uniéndose en ese punto para correr juntas y formar el Cuyuní. Diví– sanse desde allí tres enormes cascadas, según caen del vértice mismo de los cerros a 200 o más metros, y que, ocultándose luego por la fronda, vuelven a aparecer en este ·punto para deslizarse cual sierpe de plata sobre la blanca piedra. El azulado firmamento, los rayos del sol que, al herir el vapor de agua condensada, crean en ellas irisados mati– ces, el sosiego perturbado únicamente por el ruido de las aguas, que se despeñan en armónica gama, y el canto de las aves, disipan la fatiga del terrible viaje y fortalecen los relajados miembros, para disponerse a escalar la em– pinada muralla que se yergue a su lado. La amenidad del sitio me brindó a quedarme otro día para reponerme mejor de las calamidades sufridas en los anteriores. Caí en la tentación, y en mala hora porque al atardecer el cielo se encapotó, abriéndose luego en es– clusas. Caía la lluvia con fuerza abrumadora. Mojado hasta los tuétanos, rendido por la fatiga, me acosté y se me fueron cerrando los ojos. Los •indios, no teniendo donde guarecerse, fueron colgando sus chin– chorros junto al mío bajo el mismo techo, el cual, ven~ cido del peso, se desplomó. Sobresalto del golpe, despier– to, encontrándome aplastado por el rancho y entre el agua. Lo peor de lo malo fue que las vituallas también se mojaron. Excuso decir el trabajo que pasamos para rehacerlo en medio de la lluvia. Durante cuatro largos días, inacabables, tristes y ener- 115
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz