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gracia construye sobre la naturaleza, y el cielo sobre la tierra. Si se ha acusado a la Iglesia alguna vez de desentenderse de todo eso, ahora se la acusa de todo lo contrario, al menos por un sector de sus fieles. Lo cual quiere decir que continúa la labor del Maestro que no daba gusto ni a unos ni a otros. Pero la Iglesia no puede olvidar los valores espirituales. Es su pregonera. Ni menos que la plenitud del reino hay que dejarlo para la otra vida. Lo dijo Cristo y del Evangelio de Cristo no podemos sa– lirnos sino queremos traicionar a la verdad. El Concilio en "Gau– dium et spes" dice textualmente: "En muchas ocasiones urgen la necesidad de revisar las estructuras económicas y sociales; pero hay que prevenirse frente a soluciones técnicas poco ponderadas y sobre todo aquellas que ofrecen al hombre ventajas materiales, pe– ro se oponen a la naturaleza y al perfeccionamiento espiritual del hombre. Pues "no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". (Mt 4, 4). Cualquier parcela de la fa– milia humana, tanto en sí misma como en sus mejores tradiciones, lleva consigo algo del tesoro espiritual confiado por Dios a la huma– nidad, aunque muchos desconocen su origen". (nº 86, d). El otro ladrón, el puesto a la derecha, le advirtió de las neceda– des que estaba diciendo. El había sido como su amigo. Había bus– cado e! dinero entre todas las cosas de la tierra. Incluso a costa de la sangre del prójimo. Ahora estaba dejando la sangre y la vida en esta tierra que tanto había amado. Pero esto no era todo. Había otra cosa y otra casa. Por eso su súplica. Y ese Reino va a ser, también, para él. Redondeó el negocio, como quien dice. Pensemos mucho en la tierra. Pongamos un cierto mesianismo en el progreso de los pueblos, en la elevación del nivel económico. Todo eso está bien mientras no olvidemos las realidades divinas. El Mesías es el ungido de Dios. El enviado para recordarnos que hay otro Reino, por el cual luchar y por el cual sufrir. Que esto de aquí, aunque parezca mucho, es bien poco para lo que nos espera. Y él mismo dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?". Y muchas cosas más. Pero aunque no lo hubiera dicho estaría todo bien claro. El hombre sería el más miserable de los animales si toda su vida terminase en el horizonte de la tierra. -591-

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