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NO OS CONOZCO "Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas; y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, di– ciendo: -"Señor, Señor, ábrenos". Pero él respondió: _,,Os lo aseguro: no os conozco". Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora". (Mt. 25, 10-13). La parábola termina con una de las frases más duras del Evan– gelio. Tenemos el concepto de que el Evangelio, como es un evan– gelio de amor, es todo dulzura. Cuando se levanta la voz para re– criminar, en seguida alguien piensa o alguien grita: "Predique el Evangelio". Pues bien el Evangelio tiene, también, frases muy duras. Una de las más duras es precisamente la de esta parábola. Una frase paralela a otras muchas que cierran las puertas del banquete del cielo -otra vez la imagen- para siempre. Paralelas la de Mateo 7, 21-23: "No todo el que dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la volun– tad de mi Padre, que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor!. .. Yo entonces les diré: Nunca os conocí". Paralelas a las del juicio universal cuando lanza a los malditos al infierno para siempre. Porque la puerta de la parábola se cierra para siempre. Es inútil que insistan en llamar, ya no se abrirá para ellas nunca. La suerte está echada para toda la eternidad. Pero debajo de tan gran dureza late un gran cariño y un enor– me interés por nosotros. Nos avisa para que eso no suceda nunca. El aviso es para nosotros. Y la mejor prueba de que nos quiere es que nos avisa. -502-
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