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Dios, pero cuando se hace así. .. Prescindimos de Dios no para pre– ocuparnos de los demás, pues eso es caridad, y la caridad tiene su raíz en Dios. Arrancada de él ya no lo es. Sino para preocuparnos únicamente de nosotros. Buena prueba es la crisis mundial del pe– tróleo. A las naciones que disfrutaban de una gran prosperidad a costa de los recursos naturales de los otros, no les importa el corte por los otros. No se han parado a considerar el problema de los otros. Algo como en la parábola, sino que me falta a mí. Y si hacen concesiones es para conseguir el ciento por uno. Van der Mersch lo ha expresado muy bien en su novela Cuer– pos y almas: "¿Para eso se han querido apagar en el cielo los luce– ros de la esperanza, haber desposeído al crucifijo de la realeza y de su corona ... ? En este mundo sin guía y sin fe, hoy día en el lu– gar de la divinidad expulsada se ha instalado y reina el yo, una nue– va divinidad, cruel y tiránica, mostruosa hasta lo indecible". "Ya no hay Dios -dice el hombre-. Ahora existe el yo, el egoísmo". "Y el yo se exorna con todos los antiguos atributos de Dios, y se mues– tra infinitamente más feroz que el más bárbaro de los dioses". Dou– treval pensó en la frase de Nietzsche: "Me he disfrazado de Dios. ¡Es más cómodo!". Es como una radiografía de nuestra sociedad egoísta. Ese pe– queño monstruo que si no luchamos contra él se va apoderando de nosotros cada vez más. Personalmente, socialmente. Porque somos sociales para el bien y para el mal. Cristo presenta aquí una minúscula sociedad compuesta por jóvenes. Los menos egoístas entre los egoístas. Porque los jóvenes suelen ser menos egoístas que es lo mismo que decir más genero– sos. Y sin embargo cada cual se preocupaba de sí mismo. Eso que está bien en la parábola, no puede estar bien en la vida. La frase brutal de nuestro Fernando Vil que al enterarse de las pérdidas de -499-

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