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SíN EGOISMO "Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusie– ron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensa– tas: -" Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero tas sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis" ( Mt 25, 7-9). De sobra sabemos la intención de la parábola, este género lite– rario que tanto utilizó Cristo para enseñarnos el camino del bien. Es evidente que nos exhorta a la vigilancia ante esa hora incierta de la muerte. No vamos, pues, a corregir a Cristo. Sería mucho peor que osadía. Vamos simplemente a sacar una lección, de la parábola, respecto al egoísmo. Porque a simple vista parece que flota un cier– to egoísmo en esa espera y en esa respuesta de las prudentes. Que les dan un buen consejo. Pero aquella demora fue decisiva. Un po– quito de aceite hubiera bastado ... Nuestra sociedad es sensible ante el egoísmo. Nos repele. Los mismos cristianos hemos oído hablar ahora de la caridad más que nunca. Y nuestros tímpanos no resisten la desarmonía del egoísmo, aunque luego, a lo peor, nuestra vida no corresponda a nuestras creencias y a nuestras palabras. Pero, a pesar de eso, el egoísmo nos repele. Es algo ante lo que tenemos que luchar constantemente. Como decía Osear Wilde: "Amarse a sí mismo es el punto inicial de una novela que dura toda la vida". Nos hemos constituido en el centro no sólo de nuestra vida sino en el centro de la creación. Hasta la teología ha querido cambiarse en antropología. Interesa el hombre. Lo cual es muy bueno cuando al hombre no se le desvincula de -''.-G8--
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