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ba tener al alcance de la mano el crucifijo y se lo puso entre ellas. Pero él insistió: "La llave del cielo". Le trajeron entonces un libro que acostumbraba a leer y que se titulaba "La llave del cielo". Pero tambien lo rechazó. Al fin, un compañero suyo, con el cual había coloquiado largamente de cosas espirituales, le trajo la aguja ... Pues sí era la aguja lo que ansiaba. Porque durante toda su vida ha– bía trabajado como sastre y en su oficio se había santificado. Y la estrechó entre sus manos, esperando con ella abrir la puerta del cielo. Una labor bien cotidiana y anodina. Pero hecha por Dios y en gracia de Dios, nos llevará hasta las puertas del cielo. Y éstas se abrirán, estad seguros.

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