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LAS BODAS "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias, y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar /as lámparas, se dejaron el aceite; en cam– bio, /as sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámpa– ras. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: -"¡que llega et esposo, salid a recibirlo!". ( Mt 25, 1-6). La parábola hace referencia a una costumbre israelita, de la que Cristo toma pie para darnos una lección sobre la vida y sobre la muerte. La parábola se repite. Nosotros, muchas veces, hemos tenido que pararnos ante una puerta. Es la imagen de la muerte y el um– bral de la esperanza. Como dice muy bien un poeta: "La muerte no es más que una puerta vieja colocada en la tapia de un jardín" (Turner). Detrás de esa puerta nos espera el Padre celestial. Es la vuel– ta al hogar. Lo importante es no volver al hogar en tinieblas. Tene– mos que tener encendida siempre la antorcha de nuestra alma. ¿Cómo? Deseo citar a otro poeta que se pregunta: "¿Quieres verdade– ramente que la noche de la tumba tenga para ti la luminosidad de la mañana? Enciende la antorcha de tus buenas acciones, que ellas te han de preceder en la otra vida". Para que no nos sorprenda la muerte súbita, tenemos que es– tar constantemente apercibidos. Pues "como es la vida, así .es la muerte", se ha dicho muy bien. Y el secreto de una buena muerte lo -494-.

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