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su resignación ante el dolor. Ante frases de una injusticia feroz "Jesús callaba". Y cuando hablaba, sus palabras eran medidas, mansas, ungidas de caridad. Porque la mansedumbre es la quintaesencia de la caridad. Al proponerse él como modelo de esta virtud lo hizo de eso que es la columna vertebral de todo su Evangelio: La Caridad. Otra lección que podemos deducir de la' vida de Jesús y de nuestra propia vida doliente es la humildad. La humildad de Cristo es evidente desde el pesebre hasta la Cruz. Era Dios y pasó como un hombre pobre, de la más baja .capa social, y mil etcéteras que constelan todo el Evangelio. L.a enfermedad y el dolor nos tienen que enseñar humildad. Nos creíamos algo. El mundo no podría seguir marchando sin nosotros. Y de pronto una leve enfermedad -pequeñísima arenilla en el rit– mo de nuestra vida- nos detiene y el mundo. sigue .marchando exactamente lo mismo. Nos damos cuenta lo poco que valemos. Nos damos cuenta que no somos imprescindibles. Nos damos cuenta ... de que hay que ser humildes. Es justamente el consejo que Cristo, nos da. Y nos promete al– go que andamos buscando insaciablemente: el de;3canso. No sólo ese descanso que anhelamos con el fin de semana, o las vacaciones veraniegas, sino un descanso que entre dentro de nosotros mismos. Que ponga sosiego a nuestra alma, paz en nuestro corazón y alegría en nuestra vida. Porque Jesús lo dice -y Jesús lo sabe- su yugo es llevadero y su carga es ligera. Nos asusta la cruz de Cristo. Venga disfrazada de lo que sea: enfermedad, deber, trabajo duro, preocupaciones ... , pero si la tomamós con unción cristiana, como parte del yugo de Cristo, nos damos inmediatamente cuenta de que hay un Cirineo que nos ayuda a sobrellevarla. Y todo resulta más fácil. Decía el cura de Ars: "En el camino de la cruz sólo cuesta el primer paso". Acerquémonos, pues a Jesús, o dejemos que Jesús, con su cruz, se acerque a nosotros. -487-
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