BCCCAP00000000000000000000808

Y así a fuerza de milagros fue entrando el mensaje cristiano en aquel mundo israelita y luego en el mundo pagano. Después los milagros fueron disminuyendo y fue creciendo la fe en las en– señanzas cristianas. Descendieron las obras y aumentó la doc– trina. ¿Por qué ahora no? Después de veinte siglos de cristianismo se supone, lo supone Cristo, que su mensaje ha calado suficiente– mente en el mundo cristiano y que no tenga necesidad de estar haciendo constantemente milagros. Se nos pide más, vivir de la fe. "El justo vive de la fe", se nos dice en el último de los libros sa– grados. Y la sequedad de la fe ha de sustituir a la abundancia ju– gosa de los milagros. Pensemos, además, que aunque los milagros fueron abundan– tes estonces, continuó habiendo enfermos y gentes dolientes. No llegó la curación a todos. Porque en todo aquello había una pro– videncial finalidad mesiánica o divina. Pensemos, también, que actualmente no está ausente el mila– gro de la tierra. Nos llegan noticias de milagros, algunos recono– cidos por la Iglesia en la canonización de sus santos que nos ha– blan de la intercesión de los santos y de la fuerza milagrosa de la fe y del poder divino. Quizá pueda suceder que teniendo una fe rutinaria en Cristo y su Evangelio quisiéramos comercializar el milagro, utilizarlo pa– ra nuestro confort. Y nada más lejos de la finalidad de los mila– gros. El milagro siempre será extraordinario y divino. Algo que sa– le de lo corriente, y en la actualidad algo que no se prodiga, qui– zá, tanto como en la antiguedad, en los primitivos tiempos del cristianismo, pero que se sigue dando. Para hablarnos a nosotros de la presencia de Dios entre los hombres. Y de que Dios, nues– tro Padre, no se olvida de nosotros. Algo que nosotros sabemos perfectamente sin necesidad de milagros. Algo patente en nues– tras vidas. -475-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz