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Lo que sucede es que Dios aprovecha la ocasión de nuestras súplicas para concedernos otras gracias espirituales que quizá no nos acordamos de pedir y que necesitamos mucho más. Otra lección que nos da el centurión es su falta de egoísmo. Pide para otros. Sabemos, por los lugares paralelos, que era un hombre. generoso. Aquí lo demostró preocupándose por su criado, Nosotros, a veces, en nuestras oraciones hacemos gala de nuestro enorme egoísmo Queremos lo material. Y queremos nues– tro bien aun a costa del mal del prójimo. No nos importa que él quede perjudicado. -472--
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