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jAMARGAS LAGRIMAS! "Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Di– chosos los qe tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, por que ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán "los Hijos de Dios". Dichosos los per– seguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os per– sigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo" (Mt. 5, 5-12a) (U. E.) Cuentan que en la antigua Grecia un hombre lloraba. Lo cual no es noticia, porque es lo primero que han hecho todos los hom– bres al llegar al mundo, y lo que seguirán haciendo. Pero aquel hombre lloraba de noche, desde la altura del Par– tenón, sobre la ciudad dormida bajo sus tejados solemnes. Acer– tó a pasar uno de los múltiples filósofos de Atenas por allí, sintió su llanto, se compadeció, se acercó a él, y le volvió de cara a la ciudad. Le dijo: -Mira. Entre la bruma de sus lágrimas vio, atisbó, los tejados oscu– ros de la ciudad dormida. -Mira, bajo esos tejados, en esas casas, hay cantidad de hombres y mujeres que sufren, que lloran, como tú. Que todo esto te sirva de consuelo. El dolor es propio de la vida humana. Que es– to te sirva de consuelo. Las mismas lágrimas, digo yo, que no soy ningún filósofo, ya son un consuelo. Es el mejor desahogo orgánico que tiene la natu– raleza ante el dolor. Cuando lloramos nos sentimos luego más -462-

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