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del Rico Epulón, la narración del Juicio Final. Resulta que todo eso tiene mucha más importancia de la que pensábamos nosotros. Y a través de esa misericordia ganaremos el Reino de los Cielos. Por eso llama dichosos a los misericordiosos "porque ellos alcanzarán misericordia". ¿Dónde? Quizá en este mundo. Pero ciertamente en el otro. Misericordia no es sólo dar. Eso pensamos nosotros. Es ante todo compadecer. Primero la compasión y luego el don. Es conmo– verse ante los males del prójimo y luego obrar en consecuencia. Acaso no podamos dar nada material, pero podremos dar algo mu– cho más importante. Recuerdo la anécdota de aquel cristiano que salía de una iglesia a cuya puerta pedía un pobre que le alargó la mano. Echó mano al bolsillo y dijo: "Lo siento, hermano, se me ha olvidado el monedero en casa". -"Hermano, hermano ... Nadie me ha llamado nunca hermano. Eso vale más que mil limosnas". Así es. Y no deja de ser un contrasentido que eso suceda a la puerta de una iglesia donde todos rezamos el Padre nuestro... en plural. La gran ley cristiana es la ley del amor, y su mensajera ante los hombres es la misericordia. El amor es el fuego. La misericordia es el humo. Si hay fuego, no se puede esconder el humo. Aunque lo quisiéramos cerrar, saldría por mil rendijas invisibles para nos– otros. Cuando llevamos algo en el corazón, lo manifestamos de mil maneras espontáneas. De lo contrario ... Podemos tomarnos el pul– so por ahí. O la temperatura ... Ese es el mejor termómetro. Un autor italiano, prisionero en Venecia, autor de "Mis pns10• nes", escribió "Entre dos personas, de las cuales la una dice.· amando, no soy cristiano, y la otra dice: soy cristiano y no amo, ¿cuál de las dos será más inícua? Yo pienso que esta última, pues miente dos veces. ¿Cómo puede ser cristiano uno que asegura no amar? Cristo ha elevado la misericordia a un nivel divino. Ser mise– ricordioso con cualquiera es serlo con él. Y él los emplaza para el gran día en el cual será misericordioso con nosotros. Por eso para alcanzar misericordia, nos conviene ser misericordiosos. -447-
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