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L A S D O S C A R AS DE LA MISERICORDIA "Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán mise– ricordia". (Mt. 5, 7). Está la misericordia que surge espontáneamente de tanta mi– seria como nos sirven cada día los medios de comunicación. Actual– mente tenemos más medios que nunca de enterarnos de las mise– rias que hay en el mundo. La radio, la televisión, los periódicos nos cuentan cosas espeluznantes. Es un sensacionalismo más, en esa larga cadena de sensacionalismos como nos suelen servir, cada ma– ñana o cada tarde, como plato fuerte del día. Nosotros lo leemos con gusto, sin que se nos humedezcan los ojos: es la salsa pican– te del día. ¿Por qué así? Porque nos vamos acostumbrando a todo. Y porque lo dan como una noticia más. Como algo que sucede en el mundo porque tiene que suceder, es un eslabón más de la larga cadena del desarrollo. Y sobre todo porque nos lo sirven friamente, en un plano muy humano, sin su gotita de compasión siquiera. Si la cosa es muy gorda, ponen un acento patético en la voz, en las imágenes o en los títulos. Y nosotros nos conmovemos un poquito, palpita más fuerte nuestro corazón, golpea sobre nuestra cartera, que la lleva– mos muy guardadita en el bolso más interior: con nuestra concien– cia y con Dios. Dice un adagio púnico: "Si te pide un real la peste, dáselo y que se vaya". Y no es eso. Cristo contaría las cosas de otra manera. Tratan– do de hacernos ver detrás de cada ser doliente, un ser, y más en lo hondo a Dios "mismo sufriendo en él. Cristo trataría de contar las cosas de tal forma que nos revolviese las mismas entrañas el co– razón para que respondiésemos con nuestra misericordia a las mi– serias de los hombres. Así contó la parábola del Buen Samaritano, -446-
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