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EL HAMBRE Y LA SED "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados" (Mt. 5,6). Los hombres modernos hemos inventado una nueva técnica: la de construir la casa empezando por el tejado. Parece un chiste. Pe– ro ahí están las torres de Colón en Madrid, que después de levantar una gran columna, que señalaba la altura, empezaron a construir ca– sas empezando justamente por el tejado. Aunque fundamentos quie– ren esas casas. Respecto a esta bienaventuranza ha pasado algo parecido. Sabemos todos perfectamente que este hambre y sed de Justicia, es hambre y sed de santidad, en definitiva de Dios. Pero nosotros he– mos ido bajando, de tejas abajo, y hemos proclamado nuestra bien– aventuranza: la de hambre y sed de justicia a ras de tierra. ¿Tene– mos razón? Antes veamos qué fue lo que Cristo quiso decir. En primer lu– gar y siguiendo los comentarios de estudiosos modernos hay que decir "El tener hambre y sed de justicia, es el ansia devoradora de que la voluntad de Dios se realice en todo, no sólo con palabras y de labios afuera, sino también con hechos y en verdad. Es la ver– dadera disposición filial hacia Dios y la santidad plena". Es, por tanto, un ansia de santidad. Esa sed devoradora que a los santos les quemaba las entrañas, de acercarse a Dios, de ser como Dios quería que fuesen. De darlo todo a cambio de un sólo grado de santidad. Se cuenta de Suárez que estaba dispuesto a dar toda su ciencia -y sabía ya un poco- por el mérito de un avema– ría. Sin embargo no podemos excluir la interpretación de los que ponen la bienaventuranza a ras de suelo. Porque a ras de suelo se puso el propio Cristo que se encarnó, que se disfrazó, de pobre, que dio "el evangelizar a los pobres", como uno de sus signos mesiánicos. -442-

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